Moccia, el encantador de adolescentes | 7 febrero 2011

Federico Moccia ha encontrado en los adolescentes, que parecían anclados en las novelas de Enid Blyton, los receptores más entusiastas. Millonario en ventas y con millones de seguidores, publica ahora «Carolina se enamora».

Si yo fuera una adolescente romántica y soñadora y fan absoluta de Justin Bieber y James Blunt me fascinaría la literatura de Federico Moccia (pronúnciese Mochia). «Carolina se enamora» tienen cuanto desearía encontrar en una novela de amor moderna y puesta al día para la generación que anda prendida en las redes sociales, el parloteo del móvil y los mensajes del chat, con su abreviaturas, onomatopeyas y forma sincopada de escribir mensajes urgentes, apasionados, como un diario secreto. En el fondo, ¿qué diferencia hay entre las canciones románticas de Eros Ramazzoti y Tiziano Ferro, modelos a escala reducida de cualquier novela de amor, y las que escribe Moccia? Unas y otras buscan emocionar al lector, sumergirlo en un mundo en el que la pasión romántica es el modelo ideal con el que se identifican los niños que despiertan al amor. Los adolescentes, como canta Marina Rei, «Ci sentiamo prigioniere della nostra età». Y Moccia los convierte en los protagonistas de sus novelas, en las que el bullicio hormonal encuentra su canalización en historias románticas reales como la vida misma. Y, como no hay amor sin literatura, cada generación encumbra al novelista que mejor describe su efervescencia pasional con frases rotundas que colgar en el muro de Facebook. Sentencias escritas en italiano, que tiene ese plus cautivador de la lengua de Petrarca: «Ruiciró mai a tornare li, dove solo gli innamorati vivono, tre metri sopra il cielo?».

«El amor -para Moccia- es cuando no respiras, cuando es absurdo, cuando es locura... Cuando sólo de pensar en verla con otro cruzarías a nado el océano». Estas máximas, que son mínimas, aunque certeros dardos en el corazón enamoradizo, resultan novedosas porque han encontrado en los adolescentes, que parecían anclados en las novelas de Enid Blyton, el receptor más entusiasta. Como si les hubiera leído el pensamiento y radiografiado el corazón.

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Noticia publicada en www.larazon.es
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