Un problema de candados | 3 agosto 2009

El puente de Triana, monumento BIC, luce más de 300 cierres Primero fueron los grabados en los árboles, luego arrojar monedas a las fuentes y ahora llega una moda importada directamente de la capital de Italia, Roma. El puente de Triana se ha convertido en el nuevo icono para las parejas, tanto sevillanas como visitantes, que sellan su amor eterno a través de un candado que queda enganchado a las barandas del puente mientras la llave de la cerradura es lanzada al río Guadalquivir.

Lo que comenzó como una mera anécdota que despertaba la curiosidad de quienes pasan a diario por el puente se ha convertido ya en un creciente problema. De la treintena de candados prendidos a mediados de mayo se ha pasado a más de 300, según el recuento efectuado por este periódico esta misma semana, cantidad que afecta a la estética del puente de Isabel II, declarado monumento bien de interés cultural (BIC) en 1976.

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Se trata de la réplica a distancia de lo que sucede en el puente Milvio, el más antiguo y largo de Roma, donde cada día numerosas parejas de enamorados realizan su peculiar rito para jurarse amor eterno. En sus farolas colocan un candado en el que escriben sus nombres y la fecha en que comenzaron a salir. Desde hace meses, este ritual romántico se ha puesto de moda en la capital andaluza, gracias, sobre todo, a los estudiantes italianos de Erasmus que han importado esta tradición romana.

Mensajes como "te amo" o "para siempre" en diversos idiomas quedan inscritos en el metal de los candados que posteriormente son colgados sobre las barandillas del puente que une Sevilla con Triana. La fuente de inspiración de este acto surgió del libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia.

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Noticia publicada en Diario de Sevilla
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